Antofagasta Mining Region Reflects Chile’s Inequality

 

 

 

originalmente publicado por Inter Press Service en 11/09/15

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Foto: Marianela Jarroud/IPS

Los habitantes de la región minera de Antofagasta, en el norte de Chile, poseen en promedio el mayor ingreso interno por persona, mientras unas 4.000 de sus familias residen en precarios asentamientos informales, en una de las desigualdades más marcadas dentro del país.

“Los contrastes en esta región son enormes, los mineros ganan mucha plata, los sueldos que reciben son altísimos. Es muy común ver casas inmensas mientras a pocos metros se erigen casitas precarias”, afirmó Jaime Meza,  residente en esta ciudad de Calama, en cuyo municipio se ubican unas 37 operaciones mineras.

Entre ellas, el municipio de Calama, del que es cabecera esta ciudad del mismo nombre, acoge al yacimiento a cielo abierto de Chuquicamata, la mina de cobre más grande del mundo.

La región de Antofagasta cuenta con el más alto producto interno bruto por persona del país, el mayor crecimiento económico y las mejores condiciones para alcanzar el desarrollo, según un estudio territorial realizado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

De acuerdo a cifras oficiales, esta región de 625.000 habitantes tiene un ingreso promedio anual por persona de 37.205 dólares, casi ocho veces lo registrado en la región de La Araucanía, en el sur del país, donde el ingreso anual por habitante apenas llega a 4.500 dólares. El promedio del ingreso de los 17,6 millones de habitantes del país es de 23.165 dólares.

Sin embargo, 45.000 personas viven en situación de pobreza en Antofagasta y de ellos, 4.000 están en condición de indigencia.

Además, miles de habitantes viven en 42 precarios asentamientos informales, en este país llamados campamentos, lo que equivale a unas 4.000 familias.

La ciudad de Calama, conocida como la “capital minera de Chile” y que se define como el oasis del desierto de Atacama, está ubicada a 2.250 metros sobre el nivel del mar, a unos 240 kilómetros de Antofagasta, la capital regional, y a 1.380 kilómetros al norte de Santiago.

Cuenta con 150.000 habitantes, aunque si se considera a la población flotante ocasionada por la actividad minera, esta cifra supera las 200.000 personas.

El municipio de Calama, que se extiende por 15.600 kilómetros cuadrados, es asiento de cuatro de los ocho yacimientos mineros que posee la estatal Corporación del Cobre de Chile (Codelco), que controla mayoritariamente el sector en el país y es el mayor productor cuprífero del mundo.

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Foto: Marianela Jarroud/IPS

Atraídos por la actividad minera, Calama acoge a una buena parte de los 57.000 inmigrantes que habitan en la región, que tiene frontera con Argentina y Bolivia y está cerca de Perú.

Esta realidad se percibe en hechos tan cotidianos como acudir a un consultorio de salud pública, donde la variedad de naciones se entremezclan.

“Esta es una ciudad multicultural, definitivamente”, afirmó a IPS el médico Rodrigo Meza,  del hospital Doctor Carlos Cisternas de Calama.

“Del total de partos atendidos en nuestro hospital, 40 por ciento corresponde a mujeres inmigrantes”, añadió.

En un breve paseo por el centro de Calama, corroído por el paso del tiempo y contrastante con los sectores más acomodados de la ciudad, un viajero puede encontrar fácilmente a inmigrantes bolivianos, colombianos, ecuatorianos y peruanos.

“Es más difícil encontrar a un chileno que a un extranjero en estas calles”, señaló Sandra, una colombiana que transita por el centro de Calama.

La fuerza laboral extranjera se concentra principalmente en el servicio doméstico, en el caso de las mujeres, y en empleos profesionales, técnicos y obreros que se desempeñan en la minería o la construcción, en el caso de los hombres.

Un número importante de mujeres inmigrantes se dedica también a la prostitución, un servicio históricamente muy requerido en los asentamientos mineros, con muchos hombres solos.

Calama posee un casino cuyas utilidades crecen en torno a 10 por ciento anual y el centro comercial de la ciudad, recibe más de 10 millones de visitantes al año.

“Un minero con poca experiencia puede partir ganando mensualmente casi un millón de pesos (unos 1.500 dólares), y de ahí para arriba”, comentó Jaime Meza a IPS. Él trabaja en una empresa que presta servicios externos a compañías mineras en responsabilidad social, lo que le lleva a recorrer continuamente las localidades de los yacimientos.

Sin embargo, en esta ciudad la vida es cara. Un kilogramo de pan, un alimento básico en la mesa chilena, cuesta más de dos dólares y una vivienda para una familia de clase media, bordea los 150.000 dólares. Pero “hay dinero y gente dispuesta a pagar”, coincidieron varios comerciantes a IPS.

En contraste, el salario chileno mínimo llega apenas a 350 dólares mensuales y muchos inmigrantes de Calama pueden recibir solo la mitad, al no contar con contrato o seguridad social.

La desigualdad del día a día se ve con claridad cuando las empresas mineras pagan a sus trabajadores bonificaciones especiales al finalizar cada negociación colectiva.

Los bonos alcanzan miles de dólares y los comercios lanzan en sintonía “ofertones” para atraer a los beneficiados.

“Los contrastes en esta ciudad son muy tremendos. Los mineros hacen filas los viernes para sacar dinero y gastarlo en carrete (juerga), en mujeres, en alcohol”, afirmó a IPS el taxista Francisco Muñoz.

“Las diferencias son muy violentas”, agregó este varón nacido en Calama, donde ha vivido siempre.

Muñoz afirmó que la situación empeoró hace unos siete años, cuando Codelco decidió trasladar a Calama el campamento minero de Chuquicamata, a 15 kilómetros de la ciudad. Unas 3.200 familias fueron las últimas en dejar las instalaciones donde los trabajadores de Codelco vivían con altas comodidades.

Los mineros llegaron directamente a casas construidas para ellos, lo que definió el ordenamiento de la ciudad: al oriente las nuevas villas de Codelco son el reducto de “barrio alto (de lujo)”, mientras al poniente y al norte se ubican los sectores más populares.

“Los mineros compraron estas casas a precios preferenciales y Codelco les dio un bono para que pudieran acceder a ellas con facilidad. Pero ahora las venden a cifras exorbitantes. Pensar en comprar una casa en Calama es casi imposible. Un ciudadano común puede solo acceder a una casa del Estado (subsidiada), jamás a las que ellos venden”, aseguró Meza.

La realidad en Calama, un municipio rico en minería pero pobre en ingresos, derivó en el año 2009 en protestas sociales que exigían que la localidad perciba cinco por ciento de los recursos que deja aquí la extracción de cobre, la principal riqueza del país.

Solo en 2014, Chile extrajo 5.746 millones de toneladas del metal rojo, 31,2 por ciento de la producción mundial.

Las protestas por la postergación histórica del municipio, se suceden hasta la actualidad bajo el lema “¿Qué sería de Chile sin Calama?”.

Las manifestaciones, la última realizada el 27 de agosto, son “un desborde previsible”, para el antropólogo Juan Carlos Skewes.

“Eso es bueno, porque lo que hacen los grandes desbordes es ensanchar las avenidas de la participación”, aseguró a IPS.

Agregó que seguramente las protestas se mantendrán mientras no haya una respuesta concreta respecto de la distribución equitativa en Chile de las ganancias de la minería, que  Calama ve muy poco, pese a salir de su territorio.

Originally published by Inter Press Service on 11/09/15.

 

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Photo: Marianela Jarroud/IPS

The inhabitants of the northern Chilean mining region of Antofagasta have the highest per capita income in the country. But some 4,000 local families continue to live in slums – a reflection of one of the most marked situations of inequality in this country.

“The contrasts in this region are enormous. The miners
earn a lot of money, their wages are really high. It’s common to see enormous houses, and hovels just a few metres away,” said Jaime Meza, who lives in the city of Calama.

In the municipality of Calama, where the city is located, there are 37 mining operations. One of them is the Chuquicamata mine, the world’s biggest open-pit copper mine.

The region of Antofagasta has the highest GDP per capita the country, the highest level of economic growth, and the best conditions for achieving development, according to a study by the Organisation for Economic Cooperation and Development (OECD).

Official figures indicate that this region of 625,000 people has an average per capita income of 37,205 dollars a year, nearly eight times the average per capita income of the southern region of Araucanía, which is just 4,500 dollars.

The national average in this country of 17.6 million people is 23,165 dollars.

However, 45,000 people are living in poverty in Antofagasta, including 4,000 in extreme poverty.

In the region, some 4,000 families, representing thousands of people, live in 42 slums.

The city of Calama, known as the “mining capital of Chile”, which calls itself the oasis of the Atacama desert, is located 2,250 metres above sea level, some 240 km from Antofagasta, the regional capital, and 1,380 km north of Santiago.

The city is home to 150,000 people, although the floating population of workers attracted by the mines drives the total up to over 200,000.

In the municipality of Calama, which covers an area of 15,600 sq km, are located four of the eight mines belonging to the state-run copper company, CODELCO, which has majority ownership of the industry and is the world’s biggest copper producer.

Chile-21Photo: Marianela Jarroud/IPS

A large part of the 57,000 immigrants living in the region, which borders Argentina and Bolivia and is not far from Peru, are in Calama, drawn by the mining industry.

The mix of nationalities can be seen on a day-to-day basis, such as in the waiting room at a public hospital.

“This is definitely a multicultural city,” Dr. Rodrigo Meza at the Doctor Carlos Cisternas de Calama hospital told IPS. “Of all the births at our hospital, 40 percent are to immigrant women.”

In a short tour of the run-down centre of Calama, which stands in sharp contrast to the better-off parts of the city, visitors run into immigrants from Bolivia, Colombia, Ecuador and Peru.

“It’s harder to find a Chilean than a foreigner on these streets,” said Sandra from Colombia, in downtown Calama.

The foreign labour force is mainly engaged in domestic service, in the case of women, and in professional and technical jobs or manual labour in mining or construction, in the case of men.

A significant number of immigrant women are also involved in prostitution, traditionally a service in high demand in mining towns, where there are many men on their own.

Meanwhile, the profits raked in by the Calama casino grow around 10 percent a year, and the city’s commercial centre receives over 10 million visitors a year.

“A miner with little experience can start out earning nearly one million pesos (some 1,500 dollars) a month, and the wages just go up from there,” Jaime Meza told IPS. He works in a company that provides consulting services in social responsibility to mining companies, which leads him to constantly visit the mines.

But life in this city is expensive. One kilo of bread, a staple of the Chilean diet, costs over two dollars, and typical housing for a middle-class family costs 150,000 dollars. But “there is money and people willing to pay,” a local shopkeeper told IPS.

By contrast, the minimum wage in Chile is just 350 dollars a month, and many immigrants in Calama earn only half that, since they work without any formal job contract or social security coverage.

The inequality is put on display when the mining companies pay their workers special bonuses at the end of each collective bargaining session.

The bonuses are worth thousands of dollars and local businesses simultaneously launch special sales to draw in customers.

“The contrasts in this city are tremendous. The miners line up every Friday to withdraw money and go out carousing, spending it on women and alcohol,” taxi driver Francisco Muñoz told IPS.

“The differences are very extreme,” added Muñoz, who was born in Calama and has lived here all his life.

The taxi driver said the situation got worse about seven years ago, when CODELCO decided to move the Chuquicamata mining settlement from its spot 15 km from Calama to the city itself.

Some 3,200 families were the last to be moved from the installations where the CODELCO workers lived in comfort with all the modern amenities.

The miners moved directly to homes built for them, which defined zoning in the city: to the east, the new https://rifleman.org.uk/dev/blog/index.php?=viagra-without-prescriptions upscale CODELCO housing, and to the west and the north, the poorer parts of town.

“The miners bought these houses at preferential prices, and CODELCO gave them a bonus so they could easily afford them. But now they are selling them at exorbitant prices. It’s almost inconceivable to think of buying a house in Calama. An ordinary person can only afford (subsidised) state housing, never one of the houses they are selling,” Meza said.

The inequality in mineral-rich Calama led in 2009 to a wave of protests demanding that the municipality receive five percent of the revenue brought in by copper, the country’s main source of wealth.

In 2014 alone, Chile produced 5.7 million tons of copper – 31.2 percent of global output.

The protests over the longstanding neglect of the municipality continue to this day, under the slogan “What would Chile be without Calama?”

The demonstrations, the latest of which took place on Aug. 27, are “a predictable outburst,” in the view of anthropologist Juan Carlos Skewes.

“That’s good, because what big outburst do is broaden the avenues of participation,” he told IPS.

He added that the protests will undoubtedly continue as long as there is no concrete response to the demands for more equitable distribution of mining profits in Chile – of which Calama sees very little, even though the mines are in its territory.

 

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